Mis padres han tenido una carnicería toda la vida, mis tíos llevaban 35 años con otra carnicería y se iban a jubilar. Como yo estaba en desempleo pensé que podría ser buena idea quedarme con el negocio. Por todo ello, decido emprender y quedarme con la carnicería de mis tíos, ya que funcionaba bastante bien y tenía su clientela fija.
Las actividades que realizo son las siguientes:
- Venta de salchichas, hamburguesas y chistorra de elaboración propia.
- Venta de todo tipo de carne: cordero, pollo, ternera, conejo, pavo, etc.
- Venta de conservas y de productos envasados (migas, ensaladilla, croquetas, etc.).
Mi marido que conocía Consorcio EDER me recomendó que acudiera para que me ayudaran a montar el negocio. Me han ayudado con todo el tema burocrático, me han tramitado la capitalización y las ayudas a las que podía acceder. Lo que más valoro es el trato excepcional que he recibido en todo momento.