Historias reales

LURZURI Elkartea – Lizarraga

Proyecto:

LURZURI Elkartea

Dirigido a:

El proyecto busca acercar la ganadería y la vida en el medio rural a todas aquellas personas interesadas en conocer de cerca este mundo, especialmente el trabajo con las ovejas y el día a día de l@s jóvenes ganader@s.

¿Quién eres?

Leire Etxeberria Jaca

LURZURI Elkartea: emprender en la ganadería familiar y apostar por la vida rural

Leire Etxeberria Jaca es una emprendedora de Lizarraga que recientemente ha decidido dejar su trabajo por cuenta ajena para dar un paso importante: incorporarse de lleno a la ganadería familiar junto a su pareja, Jon, que ya se dedicaba profesionalmente al sector.

Juntos han puesto en marcha Lurzuri Elkartea, una asociación con la que quieren dar a conocer su trabajo con las ovejas, compartir su día a día como jóvenes ganaderos y visibilizar la realidad de la vida rural.

Su incorporación a la explotación ha supuesto un cambio importante tanto a nivel profesional como familiar. Aunque ya conocía de cerca el mundo de la ganadería, dar el paso de dejar un empleo estable no fue una decisión sencilla. «Al final, es el miedo a perder un sueldo fijo que tienes en casa», reconoce.

La historia de Jon también está ligada a una apuesta por el campo. Su sueño siempre había sido ser ganadero y pastor, y acabó dedicándose plenamente a ello después de perder su trabajo en una fábrica durante la crisis de la Covid.

Ahora ambos comparten explotación, trabajo y familia, aunque sus responsabilidades se distribuyen principalmente en función de las necesidades de cada momento. Aunque actualmente él dedica más tiempo al ganado y ella está especialmente pendiente de los niños, eso no significa que haya tareas asignadas de forma rígida: si hay que buscar ovejas que se han escapado, descargar un camión o atender a un animal, ambos se implican.

Para Leire, vivir y trabajar en el pueblo tiene muchas ventajas. «Al final, el pueblo te ofrece muchas cosas que en una ciudad son imposibles, como la calidad del aire que tenemos o no tener ruidos. Para mí eso es paz mental». Sin embargo, tampoco quiere idealizar el mundo rural ni la profesión ganadera. Conoce bien sus exigencias y considera importante mostrar también esa otra cara de la vida en el campo.

Para su puesta en marcha ha contado con el apoyo del servicio de apoyo al emprendimiento que Cederna Garalur presta en la Montaña de Navarra con la cofinanciación de SNE/NL.

 

Lo más complicado

Sin duda, uno de los mayores retos fue tomar la decisión de dejar un trabajo estable para incorporarse a la explotación familiar. Leire llevaba años con la idea de dedicarse a la ganadería y, al compartir su vida con Jon, conocía de cerca las particularidades del sector. Sin embargo, convertir aquella posibilidad en una apuesta profesional implicaba asumir ciertos riesgos.
La decisión terminó de tomar forma después del nacimiento de su segundo hijo. Para entonces, Leire ya estaba cada vez más implicada en el trabajo con los animales y ambos entendieron que podía ser el momento de dar el paso.

A partir de ahí, también tuvieron que encontrar la manera de compaginar la explotación con la vida familiar. Porque, cuando se trabaja en una ganadería familiar, la jornada no siempre termina al acabar las tareas con los animales. Las necesidades del campo y las de casa se mezclan continuamente, y hay que organizarse para llegar a todo.
«Al final, la conciliación aquí es dentro y fuera de casa», explica. En su caso, Jon dedica actualmente más tiempo al ganado, mientras que ella está más pendiente de los niños. Aun así, las responsabilidades se adaptan a lo que requiere cada jornada.

En cuanto a su experiencia como mujer en el sector, Leire no considera que el género haya supuesto un obstáculo para desarrollar el trabajo. «Las mujeres y los hombres tenemos el mismo poder físico, el mismo poder mental para hacer el mismo trabajo. Yo no tengo ningún problema en coger un saco de 25 kilos», afirma. Para ella, el verdadero reto está más relacionado con la maternidad y con encontrar un equilibrio entre las necesidades de la explotación y las de la familia.

El mayor logro

Más allá de los resultados profesionales, Leire tiene claro que uno de sus mayores logros es sentirse feliz con la vida que ha elegido. «Estoy feliz donde estoy y en lo que estoy», afirma.

Valora especialmente la tranquilidad y la calidad de vida que ofrece el entorno rural, aspectos que considera difíciles de encontrar en una ciudad. Vivir en el pueblo le permite disfrutar de un ambiente más tranquilo, del contacto con la naturaleza y de una forma de vida que encaja con lo que busca para ella y su familia.

Eso sí, no quiere transmitir una imagen idealizada de la ganadería. A quienes se planteen dedicarse a esta profesión, especialmente a las mujeres jóvenes, les recomienda informarse bien antes de tomar una decisión. «Que no idealice el campo ni piense que todo es tener animales y vivir rodeada de naturaleza. No es jauja», advierte. Para ella, conocer tanto las satisfacciones como las dificultades del oficio es fundamental antes de dar el paso.

Aspiramos a

De cara al futuro, Leire espera seguir creciendo y consolidando su papel dentro de la explotación familiar. Por ahora, el reparto de responsabilidades hace que Jon dedique más tiempo al ganado y ella esté más centrada en el cuidado de los niños, pero es una situación que irá evolucionando con el tiempo.
«Cuando los niños crezcan me tendré que involucrar más y ojalá nos puedan ayudar ellos», comenta.
Su objetivo es seguir construyendo un proyecto de vida ligado a la ganadería y al entorno rural, dando visibilidad a una profesión que requiere esfuerzo, compromiso y mucha dedicación, pero que también ofrece grandes satisfacciones.

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