La pasión por la danza ha marcado el camino de Carolina Maison (pamplonesa, de 31 años) e Isusko Alzate (chantreano, de 43), dos emprendedores navarros que han convertido su amor por los ritmos cubanos y afro-caribeños en un modelo de negocio con impacto social. Tras más de siete años como autónomos, en 2024 dieron un paso clave en su trayectoria con la creación de Didara Dance Center, una Sociedad Laboral Limitada asociada a ANEL, ubicada en la calle Larrazko, 93 de Ansoáin.
Desde este espacio de 200 metros cuadrados, con amplias salas diáfanas y un entorno accesible, han consolidado un centro de formación en danza donde imparten clases de salsa cubana, folklore afrocubano, bachata, dancehall, reggaetón, danza moderna, contemporáneo, heels y pilates, entre otras disciplinas. Su objetivo no es solo enseñar a bailar, sino crear un espacio de socialización y bienestar, donde sus alumnos encuentran una vía para conocer gente, superar miedos y mejorar su salud física y mental.
Un viaje marcado por el ritmo y el aprendizaje
La conexión de Carol con la danza comenzó en su infancia, cuando su familia la recuerda organizando espectáculos allá donde iba. Probó diferentes estilos, desde funky hasta hip hop, pero fue a los 17 años cuando decidió sumergirse en el mundo de la salsa cubana. Al principio no fue un flechazo, pero con el tiempo descubrió la riqueza y profundidad de este género. «La salsa cubana se apoya en orquestas con muchos instrumentos y es un poco más compleja, pero más rica. Al principio es difícil, pero, en cuanto profundizas, la exprimes y la disfrutas», explica.
Para seguir creciendo en este camino, Carol necesitaba un compañero de baile, y fue entonces cuando apareció Isusko Alzate, un rapero con más de 20 años de trayectoria en el mundo de la música. Su historia con la salsa comenzó en 2008, cuando viajó a Cuba y quedó fascinado por la energía y el ambiente de sus calles. «Vi a todo el mundo bailando, disfrutando de la música y me apasionó el ambiente que se formaba. Cuando volví a casa, sentí la necesidad imperiosa de aprender a bailar este estilo», recuerda.
Juntos, iniciaron su recorrido como pareja de baile, formándose continuamente para ofrecer una enseñanza de calidad. Su primera oportunidad llegó en un centro de Berrioplano, aunque pronto se trasladaron a la academia Catch Da Flow en la Rochapea, donde trabajaron durante cinco años especializándose en ritmos latinos. Sin embargo, la alta demanda y la falta de espacio los llevó a reformar su sala en 2022, aunque esto tampoco fue suficiente. Finalmente, encontraron su ubicación ideal en Ansoáin, donde han logrado materializar su sueño.
Didara Dance Center: una apuesta por la Economía Social
Para Carol e Isusko, Didara Dance Center no es solo una academia de baile, sino un proyecto con un fuerte compromiso con la Economía Social. La elección de la Sociedad Laboral Limitada respondió a las ventajas fiscales y ayudas disponibles, pero también a su filosofía de empresa basada en la gestión democrática, la participación de los trabajadores y el impacto social. «Queríamos un modelo que no solo nos permitiera crecer como negocio, sino también crear un entorno donde el equipo y los alumnos se sintieran parte de una familia», explican.
Sin embargo, reconocen que al principio desconocían el funcionamiento de este modelo, por lo que contaron con el apoyo de ANEL (Asociación de Empresas de Economía Social de Navarra), que les asesoró en todo el proceso de constitución. En ese sentido, la elección de la Sociedad Laboral Limitada se debió a las ventajas fiscales y las ayudas disponibles para este tipo de empresas. Sin embargo, reconocen que al principio desconocían su funcionamiento, por lo que ANEL (Asociación de Empresas de Economía Social de Navarra) fue clave en su proceso de constitución.
Igualmente, destacan los valores y principios de la Economía Social como otro de los motivos que impulsó su decisión. La participación activa de los trabajadores, la gestión democrática y el compromiso con el impacto social y comunitario encajaban a la perfección con su visión de empresa. “Queríamos un modelo que no solo nos permitiera crecer como negocio, sino también crear un entorno donde el equipo y los alumnos se sintieran parte de una familia”, explican.
Actualmente, la academia ha crecido hasta contar con cinco profesionales con amplia formación. Para ellos, bailar no es solo una afición, sino una herramienta de transformación personal. «A todo aquel que viene por voluntad propia, le cambia la vida, ya que genera otro tipo de relaciones que en su día a día es incapaz de formar», afirma Isusko. Carol, por su parte, añade: «Bailar ofrece beneficios cerebrales, psicológicos, físicos e incluso expresivos o comunicativos. También es una actividad muy bonita para hacer en pareja».
Por lo tanto, con Didara Dance Center, esta pareja de emprendedores ha logrado fusionar su pasión por la danza con un modelo de negocio sostenible y socialmente comprometido, demostrando que el baile puede ser mucho más que movimiento: puede ser un motor de bienestar, comunidad y crecimiento personal.
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