Cristina ha cogido el traspaso del negocio de su tía Angelines, que es una tienda de lencería en Corella que lleva más de 30 años en funcionamiento. Nos cuenta su experiencia.

La idea surgió cuando mi tía, antigua propietaria del negocio, me comentó que quería traspasarlo porque quería jubilarse. Decidí emprender ya que valoré la situación que tenía en mi trabajo y mi estado físico, arrastraba problemas de espalda. Fue una decisión dura y atrevida.

Es una tienda de lencería-corsetería de mujer, pero también hay alguna cosa para hombre.

Se venden los siguientes productos:

  • Ropa interior, pijamas, camisones, calcetines y ropa de baño (bañadores, biquinis, etc.).

Me dirijo a mujeres y hombres de todas las edades.

He conocido el Consorcio EDER a través de una amiga que me comentó que en Consorcio había un área de emprendimiento que se dedicaba al asesoramiento de emprendedores. Me han informado de todos los pasos que tenía que dar para abrir el negocio y de las ayudas a las que podía optar. Lo que más valoro es el trato y la implicación del personal del área de emprendimiento.

Lo más complicado

Lo más complicado ha sido toda la burocracia inicial hasta la puesta en marcha de la actividad. Una vez que he abierto, la mayor dificultad la encuentro en la elección de los modelos y las tallas para ofrecer a la clientela

Aspiramos a

Espero que vaya muy bien, que la clientela esté contenta con el género que ofrezco y poder vivir de ello hasta que me jubile.