El siguiente artículo  de Rafael Galán en un blog de emprendedores es muy interesante para comentar una reflexión.

El trabajo de definir detalladamente el público objetivo al que nos queremos dirigir (con su argumentación) y de hacer esfuerzos por conocerlos (buscando información en estudios, estadísticas, etc. pero sobre todo preguntándoles sobre sus necesidades, problemas, opiniones y aspiraciones y observándolos) está infravalorado. Las razones  son las siguientes:

  • Se requiere mucho tiempo y dedicación para hacer este tipo de trabajos de investigación de mercados si queremos hacerlos por nuestra cuenta; cosa casi obligatoria teniendo en cuenta el precio de solicitar un estudio ad-hoc. De todas formas, este trabajo de investigación es muy enriquecedor para conocer el segmento, las tendencias, la evolución de las necesidades y la oferta, la competencia, etc.
  • No se ha (o hemos) conseguido trasmitir bien la necesidad de orientar los negocios al cliente. A veces existe la sensación de que el punto de partida es “quiero crear una empresa” o “sé hacer esto y voy a salir al mercado” sin que paralelamente se plantee si dicha empresa o aquello que se sabe hacer es valorado por las personas como para pagar por ello o dejar a su proveedor sustitutivo actual.
  • También a veces confundimos la orientación al cliente con la “creación de necesidades” (más que necesidades serían deseos) que se ha llevado a cabo en estrategias de marketing de muchas empresas. Es posible que rechacemos esta actitud empresarial que fomenta el consumismo. Pero en este sentido, son precisamente las pequeñas empresas, locales y sin grandes aspiraciones por enriquecerse (emprendimiento social, creación de un puesto de trabajo) las que pueden formar parte de alguna manera de la transformación del mercado actual, y creo que una empresa sin orientación al cliente no tiene muchas posibilidades de tener éxito.