Os presentamos el proyecto de investigación sobre consumo y estilos de vida. Cambio global 2020-2050 realizado por CRIC y Universidad Autónoma de Madrid. Financiado por el Centro Complutense de Estudios e Información Medioambiental (CCEIM) de la Fundación de la Universidad Complutense de Madrid.

 

El estudio parte de la necesidad de un Cambio Global en el sistema
socioeconómico que haga sostenible el mundo a nivel medioambiental (y también social), ya que el modelo de consumo y producción actual es insostenible a medio plazo, además de provocar desigualdades.

 

De esta forma, entienden que “El consumo es una de las
variables fundamentales de incidencia en el Cambio Global, y simultáneamente es uno de los vectores que vertebran el funcionamiento de nuestra sociedad. Un fenómeno complejo en el que interactúan los imaginarios y las percepciones sociales, las dinámicas culturales y educativas, las políticas de incentivos económicos, las experiencias emergentes de la sociedad civil, los impactos ambien­tales o la equidad social.”

 

De ahí la conveniencia de estudiar el consumo y los estilos de vida como fenómeno social para poder actuar sobre él mediante políticas públicas y acción social organizada. “Una mirada que nos permita generar políticas y dinámicas sociales orientadas a promover una transición hacia otros modelos de consumo, donde sea posible mantener una alta calidad de
vida sin exceder los límites de biocapacidad de los ecosistemas.”

 

El estudio es bastante extenso, podéis leer aquí el resumen ejecutivo.

 

Algunas cuestiones interesantes que os adelantamos podrían ser: ¿qué actitudes tienen las personas analizadas respecto al impacto de la crisis en el consumo?

 

Crisis y consumo: distintas lecturas

La crisis económica parece haber tenido un impacto severo en las percepciones sobre el consumo, con una cierta sensación de miedo e incertidumbre ante el futuro, que podría influir en una moderación de los hábitos tras un período de excesos. No obstante, la lectura de la crisis se hace de maneras distintas desde diferentes posiciones de clase y percepciones. Esto afecta tanto a la atribución de responsabilidad del origen de la crisis (las posiciones supraordinadas enfatizan,
por ejemplo, que la crisis ha sido el resultado de una falta de racionalidad a
la hora de gastar por parte de “los otros”) como a la distinta percepción de

la crisis como oportunidad para reducir nuestro impacto ambiental.

 

Crisis económica y crisis ecológica: desconexión total

Mientras que la crisis económica se vive como cercana, real y amenazadora, la crisis
ecológica se percibe como lejana y completamente desconectada de la económica,
lo que facilita un relativismo moral en torno a lo que podemos hacer en nuestro
consumo respecto ella.

 

Desresponsabilización
y ecofatiga

Respecto
al consumo responsable o sostenible, se identifican elementos clave en los
discursos que generan un contexto de
riesgo de desempoderamiento e irresponsabilidad
. Algunos ejemplos son:
la falta de cuestionamientos personales críticos y responsabilización de
agentes externos (el gobierno, las empresas,

“los
otros”); la percepción de los mensajes proambientales como presión
institucional o de marketing; la ecofatiga ante los mensajes
proambientales o de consumo sostenible; el fatalismo hacia el sistema y la
sociedad de consumo; una idealización del pasado pero que no inspira posibles
futuros alternativos; el asumir el avance tecnológico como única solución
posible; el relativismo moral respecto a las necesidades y los límites; y la
concepción del consumo sostenible como una opción moral individual.

 

Algunos
elementos positivos para el cambio

También
aparecen elementos que pueden crear un contexto fértil para el desarrollo del
consumo sostenible: la crítica general al consumismo (aunque superficial), las
ventanas para el cambio (alternativas de consumo y estilos de vida que son cada
vez más conocidas y entendidas), y algunos espacios de intersección entre la
crisis económica y la crisis ecológica (por ejemplo, las ventajas ambientales
de algunos cambios realizados por la crisis económica, por ser más sencillas y
económicas).

 

Falta de
discurso crítico

No
obstante, en los grupos, y salvo raras excepciones, no aparece un discurso crítico frente al consumo (más allá
de la crítica moral al consumismo), al que se identifica mayoritariamente como
motor de la economía y del bienestar, y se cuestiona escasamente la
insostenibilidad ambiental del modelo actual. De hecho, apenas se profundiza en
la posibilidad de desarrollar formas alternativas de consumo (ecológicas,
sostenibles, etc.).

 

De los
distintos discursos identificados, el
estudio se ha enfocado en intentar articular políticas en torno a los
siguientes tres aspectos
:

           

  1. La polarización de discursos sobre la
    oportunidad de la crisis económica como catalizador de cambios
    en
    los patrones de consumo hacia unos más sostenibles
    :
    mientras unos resaltan que la crisis dificulta optar por productos
    más sostenibles pero más caros en cuanto a gasto para el consumidor (como
    pueden ser los alimentos ecológicos), otros ven que justamente la
    necesidad de ahorrar en dinero puede revertir en un ahorro también
    en recursos (por ejemplo usando transporte público o bici en vez de
    automóvil particular). Ambas percepciones identifican la coyuntura
    económica con condicionantes para el cambio, y nos recuerdan la
    importancia de las señales/incentivos económicos en la transformación de
    prácticas de consumo y estilos de vida. Por ello hemos querido
    reflexionar sobre las potencialidades y limitantes estructurales de políticas
    basadas en los incentivos económicos, especialmente la fiscalidad sobre el consumo.

 

  1. El negacionismo y la ecofatiga, observados en los
    discursos como motivadores de desconfianza, desresponsabilización y
    una crítica global al discurso en torno a la crisis y al límite ecológico
    del modelo actual de producción y consumo, nos invitan a intentar
    conocer cómo desde las políticas
    educativas y culturales
    se ha trabajado el cambio hacia
    otras pautas de consumo en relación a lo ambiental.

 

  1. El sentimiento de presión institucional que
    despiertan las políticas institucionales proambientales cuando
    inciden sobre hábitos cotidianos, la percepción de una incipiente institucionalización y mercantilización del
    discurso ambiental
    y la
    dificultad de construir discursos
    de comportamientos alternativos desde la práctica propia, nos
    inducen a pensar en la necesidad de dar mayor protagonismo a una
    sociedad civil, fuera del ámbito mercantil e institucional. Por ello, nos
    hemos adentrado en el universo de las llamadas Iniciativas Comunitarias.