El tamaño reducido dificulta innovar, saltar al exterior y acceder al crédito. El número de negocios que se declara en concurso de acreedores se ha multiplicado por siete durante la crisis.

Pamplona.
El 88,6% de las empresas navarras se enmarcan en el intervalo de no tener ningún asalariado a su cargo, de contar entre uno o dos empleados, o de sumar entre tres y cinco trabajadores. En números absolutos, la Comunidad Foral cuenta con 36.838 negocios con plantillas muy reducidas, una situación semejante a la que sucede en España (véase el gráfico). El censo total de compañías asciende a 41.534, según el Directorio Central de Empresas del Instituto Nacional de Estadística.

En plena crisis económica, “nos enfrentamos a un reto necesario: debemos lograr aumentar el tamaño medio de nuestras empresas”, indica José Antonio Sarría, presidente de la Confederación de Empresarios de Navarra (CEN).

Únicamente en la comunidad conviven nueve empresas cuyas plantillas oscilan entre los mil y cinco mil empleados. Dos de ellas, Volkswagen (como primer empleador privado en el territorio foral) y Corporación Mondragon (como segundo). Más de 8.000 personas dependen directamente de ambas firmas.

Un problema

El tamaño pequeño en tiempos de crisis dificulta todavía más el acceso al crédito para aportar liquidez y facilitar inversiones a las empresas, complica innovar para diferenciarse de la competencia, y obstaculiza adentrarse en mercados extranjeros para ampliar los ingresos. En Navarra, hay 22.900 firmas que operan sin ningún asalariado, aunque José Antonio Sarría advierte de que entre estas se encuentran particulares que con una placa solar ya se contabilizan como empresario, ejemplifica. Y añade que a la complejidad de acceso a préstamos se une el retraso de los pagos tanto de clientes del sector privado como de las administraciones públicas. En cambio, existe la contrariedad de que “las empresas deben pagar los tributos puntualmente a Hacienda para no incurrir en sanción”, denuncia Sarría. Además a esta situación se suma la proliferación de empresas que se declaran en concurso de acreedores -la antigua suspensión de pagos-, que puede ser voluntaria o necesaria. Un escenario que no únicamente pone en peligro la continuidad de esa empresa en cuestión sino a sus proveedores, a quienes les deja de pagar, lo que repercute en las cuentas de estos últimos. Al acogerse a concurso, las empresas logran que durante ese periodo se aplace el pago de las deudas y se negocie con los acreedores cómo se pueden abonar. Pero en la mayoría de los casos, más del 90% liquida el negocio.

El año pasado 88 compañías se declararon en concurso de acreedores en Navarra -cifra que se ha multiplicado por siete desde que comenzara la crisis, en 2007 solo hubo 13 en esta situación-. “La desaparición de una empresa provoca en cascada la muerte de sus acreedores”, reconoce José Antonio Sarría.

Cómo afrontar el futuro

El presidente de la CEN aboga por incrementar el tamaño de los negocios para ser más competitivos. “Nuestras empresas deben transformarse en organizaciones inteligentes que han de vivir en continua metamorfosis, y que han de aprender a gestionar bajo parámetros cambiantes”.

Pero en esta nueva concepción hay que fomentar el emprendimiento desde la educación e impulsar la Formación Profesional (FP), que como señala Sarría, “contribuye al desarrollo de habilidades y competencias que promueven la productividad -esencial para una economía-“. Sin embargo, “hay que mejorar la percepción social de la FP” sobre las titulaciones universitarias.

Así, hace pocos días, el joven Antxon Errea recibió un premio por su iniciativa empresarial, Gurpea Mantenimiento, que otorgaba la asociación AJE. Y en su discurso mandó un mensaje a todos los jóvenes: “Tanto a los que cursan FP como alguna carrera les animo a que tengan ganas de emprender”.

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