El emprendimiento es movimiento, acción; es cambio, adaptación; es caer y levantarse; es seguir y continuar caminando…

En una de las entradas anteriores aludíamos a que en el contexto actual de pandemia de COVID-19, y debido a los cambios que está habiendo en los hábitos de consumo, las personas emprendedoras estamos enfrentándonos a nuevas situaciones y a diferentes retos en nuestros negocios y actividades. Y es, en estos precisos momentos, donde algunas personas estamos reinventándonos y viendo distintas oportunidades gracias a esta nueva situación; mientras que otras, también emprendedoras, solamente están viendo crisis.

Ciertamente, este momento nos obliga a decidir si queremos ser actores/actrices protagonistas participando activamente en esta nueva etapa de cambios que estamos viviendo; o si, por el contrario, queremos ser tan solo espectadores y espectadoras de lo que está sucediendo. Particularmente, yo honro, alabo, agradezco, reconozco y me enorgullezco de nuestra condición y de la contribución que hacemos al mundo como personas emprendedoras.  Y, precisamente por esto, entiendo y defiendo que es crucial empoderarnos y aprender a elegir cada día nuestra actitud y nuestros pensamientos, tal y como también escogemos a diario nuestra ropa y nuestros alimentos.
¡Más vale que “nuestra cabeza es redonda para permitir al pensamiento cambiar de dirección” (Francis Picabia) y que esta posibilidad nos sitúa en un hermoso escenario desde el que elegir cómo navegar en este mar! “EL MAR EN CALMA NO HACE MARINEROS HÁBILES”.
Así es que mi reflexión gira en torno a estas dos sencillas preguntas:
¿qué podemos hacer para recuperar, mantener y/o aumentar nuestro poder, nuestra valentía y nuestro centro como emprendedores y emprendedoras?

¿cómo podemos hacerlo?
En complemento a las sugerencias de artículos anteriores en los que detallamos cómo entrenar algunas de nuestras cualidades y características resilientes, añado ahora otras que, además de ser igualmente practicables y mejorables, son también signos distintivos de las personas emprendedoras:

1.-) Confianza.
Confía en ti, en tus capacidades, en tu poder, en tus habilidades. Recuerda: TÚ ERES TU MAYOR Y TU MEJOR ACTIVO. Además, NADIE PUEDE DAR LO  QUE NO TIENE…  así es que ten presentes tus logros, tus éxitos y proyéctate, salta desde aquí. Tú eres un elemento diferenciador. Recuerda que tu éxito como persona emprendedora solo es posible cuando tus sueños son más fuertes que tus miedos.
2.-) Auto-observación y Autorresponsabilidad.
Poniendo la atención y el foco en los aspectos positivos, disfrutando de los retos y observando a cuál de tus dos lobos internos estás alimentando (al negro -oscuridad- o al blanco -luz-).

 

3.-) Cercanía y vocación de servicio.
Es hora de imaginar, de crear, de soñar y aprovechar esta situación para investigar, explorar, buscar nuevos mercados, nuevas formas de hacer, nuevas maneras de contactar, de comunicar, de vender, de producir, de servir, de ayudar…  y, por ello, es necesario adaptarnos y encontrar otras soluciones. ¿Qué necesitan ahora nuestros clientes? ¿Cómo hacerles llegar esto que necesitan? ¿Cómo puedes ayudarles?
Es momento para incrementar la cercanía, la comunicación, la confianza y nuestros valores más importantes.
¿Cuáles son tus valores esenciales y fundamentales?
¿Cómo están representados en tu negocio?  
¿Cuán lejos o cerca estás de ellos en tu práctica diaria? 
Es un momento para generar relaciones más auténticas, más cercanas con clientes, con colaboradores y proveedores. Igual contigo misma, contigo mismo, dedica e invierte tiempo en ti, porque una vez más te digo que tú eres la base y el mejor activo de tu empresa.
4.-) Actualización de nuestras competencias, habilidades y formación.
Nuevos tiempos exigen nuevas destrezas, nuevos conocimientos. Formarte, capacitarte, adquirir y entrenar aquellas competencias que el mercado, tus clientes y la situación están demandando.
5.-) Atención a tu salud y a tu alimentación.
Cuida tu alimentación y, en general, tu salud, ya que éstas afectan a tu rendimiento, a tu energía vital, a tu productividad, a la concentración y a la atención, a la memoria… y también a la aparición o no de enfermedades. En una época en la que la atención está fundamentalmente dirigida a la salud, es crucial prestarle atención. Al hacerlo, estarás en mejores condiciones para poder cuidar a otras personas porque, en definitiva, a través de tu empresa, de tus productos y servicios cuidas a clientes, personas socias y colaboradoras, clientes potenciales, a tu familia… en definitiva, a muchas personas.

Podemos concluir que, para gozar de buena salud emprendedora, es necesario crear y mantener hábitos de vida saludables. ¿Qué tal hacerte un diagnóstico y/o un autodiagnóstico de hábitos y actitudes saludables?

También puedes hacer lo mismo sobre tus actitudes emprendedoras y así tener información más actualizada acerca de cómo estás y qué quieres eliminar, reducir, cambiar, mantener, aumentar, mejorar, etc. Un diagnóstico que te sirva de palanca, de impulso para recuperar, desarrollar, proyectar y mostrar tu esencia y tu humilde grandeza.

CUÍDATE PARA CUIDAR, para ayudar, para servir, para dar valor, para crear y dar lo mejor de ti.

Como personas emprendedoras, somos útiles, somos necesarios, necesarias. Y, probablemente, nuestra presencia, nuestra contribución, nuestra aportación, nuestro estar, nuestro ser genuino y nuestro bien hacer sean ahora más decisivos que nunca.
La suerte es el lugar en el que la preparación encuentra la oportunidad.
Parafraseando al escritor y novelista británico Herbert George Wells: HAGAMOS QUE LA CRISIS DE HOY SEA EL CHISTE DE MAÑANA.

*Este artículo es obra de Marian Zestau, Agente de Desarrollo y Empleo de CEDERNA GARALUR en las comarcas de Baztan, Urdazubi y Zugarramurdi y Coach para el Bienestar.

Esta publicación pertenece al Servicio de Apoyo al Emprendimiento de Cederna Garalur, entidad socia de la Red Navarra Emprende, que cuenta con la cofinanciación de SNE-NL y Fundación Caja Navarra y Fundación La Caixa a través del programa InnovaSocial.

 

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