Tras ver el documental “Obsolescencia Programada” y leer un artículo sobre este tema de Antoni Flores, resulta interesante comentar varias reflexiones que esta cuestión me plantea, y cómo nos afecta como consumidores y como emprendedores.

La Obsolescencia programada es el hecho de planificar la vida útil de un bien, para que tras ese tiempo programado, el bien se quede obsoleto. Hay conocidos ejemplos de productos que comienzan a fallar al cabo de un tiempo relativamente corto: bombillas, baterías de móvil, impresoras, etc. En el documental están perfectamente explicados.

La primera reflexión podría ser el hecho de que dicha obsolescencia puede ser técnica (el producto deja de funcionar) o conceptual (el deseo del consumidor de poseer algo un poco más nuevo, un poco antes de lo necesario). La primera responde al trabajo de ingenieros o diseñadores, a los que las distintas firmas encargan producir el bien con esta duración limitada, en vez de lo más duradero que sepan hacerlo, para garantizar un volumen alto de ventas. El segundo concepto está provocado por la publicidad, las modas, la presión de las empresas sobre el consumidor, como mecanismo de la sociedad de consumo, que activa los deseos de consumo de forma que valoramos más el diseño o la apariencia (la inmediatez) que la eficiencia económica (la duración).

La segunda reflexión vendría en relación al papel que podemos tomar como consumidores y emprendedores. La actitud es muy distinta si pensamos a largo o a corto plazo. A largo plazo, existen corrientes totalmente contrarias a la obsolescencia programada en particular, o a la sociedad de consumo en general. Es decir, aquellos que piensan que la solución a la crisis no está en aumentar el consumo y mantener el sistema económico anterior, sino intentar encontrar nuevas alternativas económicas. Estoy hablando del Decrecimiento, que propone un cambio de mentalidad donde tengamos una economía más sostenible: menos consumo, menos producción, menos horas de trabajo y más hora de disfrute sin consumo. Desde luego hace falta un cambio de mentalidad para que no “necesitemos” tener lo último en cada producto/servicio que consumimos; es cuestión de ser más responsables en nuestras relaciones económicas y de ser más racionales en el consumo.

Pero parece que dicho cambio de mentalidad no ocurrirá de un día para otro. Si bien es verdad que la crisis ha aumentado tendencias en este sentido: consumo compartido, aumento de arreglos/reparaciones, un consumo más racional, etc. a la vez que ha crecido la  importancia otorgada a la sostenibilidad, aún está muy arraigada la idea de que hay que intentar vender lo máximo posible y crecer cuanto se pueda. Como emprendedores, creo que sería interesante intentar llegar a modelos de negocio que persigan esta sostenibilidad (social, ambiental). Que el valor que aportemos en nuestra propuesta de valor, no esté tan dirigida a bajar precios o añadir una pequeña novedad al producto/servicio, sino en aportar una utilidad real, al consumidor y a la sociedad, a la vez que aportemos un valor social de transformación y que generemos unas relaciones económicas más humanas.