Un poco de historia de la concepción de la estrategia de la empresa

En los 60 la empresa se dedicaba a fabricar sus productos o realizar sus servicios, y se los hacía llegar a los consumidores (ejecución).

 A partir de los años 80 se empieza a introducir el componente estratégico en la disciplina del marketing, al  darse cuenta las empresas de que el análisis del  entorno externo era fundamental para ellas. El marketing estratégico será por tanto un proceso no solo de ejecución, también de planificación, por el que se busca un intercambio de bienes y servicios, del que tanto los consumidores como la empresa lograrán un beneficio o satisfacción. El marketing contará con las 4 variables clásicas (las 4P) producto/servicio, precio, distribución y comunicación, para llevar a cabosu estrategia de cara a satisfacer al cliente.

 Ya en el siglo XXI, podemos apreciar la rapidez con la que los cambios suceden, sobre todo por el avance de la tecnología, que ha hecho mucho más complejos los mercados, al aumentar exponencialmente la posibilidad de ofrecer por parte de las empresas y llegándose en consecuencia a mercados muy saturados.

 En este contexto, la visión estratégica de la empresa también ha tomado un camino diferente. En vez de pensar en ofrecer un producto/servicio, a un determinado precio, distribuyéndolo de cierta manera y comunicándolo para que el cliente lo conozca (las 4P), se habla de valor. En medio de estos mercados saturados, la empresa que sea capaz de generar valor para los usuarios, conseguirá diferenciarse de sus competidores. Además, cobran gran importancia las relaciones entre las empresas y los consumidores, mucho más cercanas y personalizadas.

 ¿Cómo planteamos ahora nuestra actividad?

 Obviamente, los cambios mencionados también sugieren nuevas formas y herramientas para afrontar nuestra tarea de diseñar la actividad que queremos desarrollar de cara a plantearnos una visión estratégica de la misma y a encontrarle un fundamento de peso antes de salir al mercado. En el artículo que aquí os adjuntamos, de Javier Megías, se explica muy bien este cambio estratégico en la planificación:

del plan de empresa al modelo de negocio.

 El plan de empresa, a pesar de ser una herramienta que nos puede ser útil para ir detallando nuestro negocio, tradicionalmente se ha planteado como una forma de observar y modelar el mercado a través de unas hipótesis, plantear una respuesta a las necesidades encontradas a través de nuestro producto o servicio y lanzarnos al mercado a esperar a que las hipótesis se cumplan y lleguen las ventas.

Hoy en día, el proceso debería ser más bien un ciclo de aprendizaje, donde empezamos igualmente a analizar el mercado planteándonos unas hipótesis sobre las necesidades que detectamos en el mercado. Entonces plantearemos nuestra forma de crear valor (ya sea a través de productos, disminuciones de precio, etc. pero  casi siempre a través de diseñar modelos de negocio, o formas de hacer totalmente distintas, sin necesidad de haber creado un nuevo producto por ejemplo. Nuevas maneras de satisfacer necesidades, ayudándonos del análisis de los clientes y las variables que influyen en sus decisiones).

 Saldremos al mercado a probar nuestra propuesta de valor para recibir un feedback y poderla mejorar. Y así sucesivamente, adaptándonos al mercado con las exigencias de cada momento, en lo que será un proceso de prueba-error que nos irá ayudando a diseñar nuestro modelo de negocio y su evolución.